que envolvía el aire
que me deja sin aliento
cada vez que pienso
en tu corazón de fuego.
Ni tan siquiera calma
el vacío que me rodea
cuando nada se mueve
tras el escondido afán
y llega el desconcierto.
A orillas de mis sueños
se derrama la sonrisa
se esfuman las promesas
y tras los cielos grises
tan solo llueve ceniza.
Por mis manos pasaron
ramos llenos de ternura
ahora tan solo sostienen
¡este vacío insoportable!
y estos ojos de nostalgia.
Y nada induce a pensar
que cada día que llega
y cada noche que pasa
será la última despojado
como extraño sin alma.
Tan solo queda incógnita
entre palabras perdidas
y una esperanza que vuela
y no encontré remedio
que consolara mis lágrimas.
Ricardo Miñana © 2012

